Teresa Santamaria, Pregonera 2016

Teresa Santamaria, Pregonera 2016

Buenas noches.

Hermano Mayor, Sr. Alcalde, autoridades, Hermanos Cofrades, amigos todos.

Quiero agradeceros este cariñoso recibimiento que a título de presentación acabáis de dedicarme.

Aquí nací, aquí me crié y aquí estoy intentando que mi garganta no me traicione con un quiebro de emoción la serenidad de mi voz.

Cuando me propusieron para pregonar la Semana Mayor de nuestro pueblo, acepté con el corazón y no con la razón, en ese momento, sentí sorpresa, alegría y miedo ante tanta responsabilidad, pero a la vez un gran honor poder dar comienzo con mis palabras y sentimientos a la celebración de nuestra Semana Grande.

Permítanme dedicar este pregón a los que no están, a los que se asoman desde los palcos del cielo por toda la eternidad; Especialmente a mi Padre.

Llegó Marzo y con él en pocos días la estación más esperada, la Primavera y con ella un abanico de colores y aromas, el aire se renueva con los nuevos olores de las flores que empiezan a abrirse, huele a azahar y a romero, se siente cercana nuestra Semana Santa.

Nos disponemos para celebrar los Actos más importantes del año litúrgico: La Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Nosotros los cristianos nos estamos preparando para vivir plenamente ésta Semana Grande. Ya queda poco tiempo, sacamos del armario nuestra túnica de Nazareno, nos probamos el capirote, estiramos las mantillas, limpiamos la medalla que llevaremos sobre nuestro pecho durante las procesiones, y procuramos que todo esté a punto para realizar nuestra Estación de Penitencia.

Pero esto no es todo, también tenemos que preparar nuestro interior para acompañar a Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores por las calles de nuestro pueblo de Arenas.

Tengo recuerdos de mi niñez que quiero compartir con ustedes:

La Semana Santa empezaba con un ir y venir a la Iglesia, cada cual se acerca cuando puede y Ángeles la Pepa y la Prima Gracia, son las que van organizando el trabajo y nos van encomendado el reparto de ánforas y candelabros para su limpieza por las casas del pueblo.

Más tarde se empieza con el montaje de los tronos, atornillando y amarrando con alambres para que todo quede seguro. De pequeña mirando y más tarde ayudando en todos los menesteres.

Hacemos un acto íntimo e intenso “El vestir a la Virgen”.

En nuestra cofradía no solo se viste a la Virgen, se perfuma, se adorna y se mima, y en esos momentos maravillosos, en los que tus dedos se permiten rozar su cara, en los que tu mirada se encuentra con la suya frente a frente, entre alfiler y alfiler, se produce una letanía de suspiros e inquietudes de una hija con su madre.

Ya están vestidos y engalanados, culmina así esta complicada y emocionante tarea.

DOMINGO DE RAMOS

¡Portones!, Alzad los dinteles, levantaos, que va a entrar en Arenas el Rey de la Gloria.

El Domingo de Ramos abre nuestra Semana Santa. Si cerramos los ojos nos podemos ir a Jerusalén por un momento y sentimos entre nosotros aquél que viene en el nombre del Señor.

Abrimos los ojos y vemos que estamos en Arenas y percibimos como Jesús nos acompaña en nuestro caminar entre Ramas de Olivo, Arenas está de fiesta, el mesías está con nosotros.

Recuerdo que desde el balcón de mi casa de la calle Estación se oía un gentío fuera, me asomo y veo a los niños y niñas con sus ramas de olivo en su camino hacia la Iglesia. Junto con mis hermanos nos apresuramos para llegar a nuestra parroquia y coger sitio.

Es el único día en que la alegría se abre camino, el único en el que Jesús es profeta en su tierra, un instante, nada más que un instante, entra en Jerusalén, en la ciudad alegre y confiada en la que le espera la muerte agazapada detrás de una columna del templo.

JUEVES SANTO

El día del Amor Fraterno, conmemoramos la última cena de Jesús, en la que se instituyó el Sacramente de la Eucaristía, haciéndose presente para siempre a través del Pan y el Vino.

El Jueves Santo, Jesús se muestra como un hombre humilde y sencillo lavando los pies a sus discípulos, con este gesto queda muy clara la misión de la Iglesia en el mundo: Servir.

“Porque os he dado ejemplo, para que también hagáis como yo he hecho con vosotros”. Todos los que formamos la Iglesia estamos llamados a servir.

Se acerca la noche, todo está preparado para la salida procesional de Jesús el Nazareno y Nuestra Virgen de los Dolores.

Ya espera tras la puerta el Nazareno que abraza la Cruz de Guía, el pavero que guía a nuestros niños, las insignias refulgentes portadas con cariño y devoción, los Nazarenos de cera que en su recogimiento son ejemplo de fervor.

Ya están los hombres en sus varales, dispuestos a cumplir con su esfuerzo la más bella de las misiones. Monaguillos junto a los tronos y detrás el “aguaó” y el alza cable.

Ya desde dentro se escucha cada vez más intensamente el rumrum del pueblo, fiel cumplidor de su cita, mezclado con las notas sueltas de los instrumentos de los músicos. Los nervios están a flor de piel.

Arenas está expectante poco a poco van saliendo despacito y sin mecerlos y son cargados sobre el hombro por los hombres de trono.

Ya estamos en la puerta de la Iglesia, en la baranda del llano no cabe ni un alfiler, todos admirando ese momento de Jesús y su Madre, ese encuentro, ese saludo para empezar a procesionar, los recibe la banda de música que entonan melodías de pasión, y los vecinos del pueblo los acompañamos con emoción.

Nos encaminamos hacia la calle Estación ya se van formando las dos filas habituales, vamos encendiendo las velas y a modo de penitencia entonamos:

Perdona a tu pueblo,

Señor,

perdona a tu pueblo,

perdónale, señor.

no estés

eternamente

enojado,

no estés eternamente enojado

perdónale, Señor …

Cuando estamos a la altura de la casa de Ángeles y Anita Pio, me gusta adelantarme para verlos pasar desde el terrao de la casa de mi tía Isabel donde algunas veces se les han encendido bengalas al igual que en el balcón de Aurelia, y llegamos a la carica de Dios donde el balcón de Dora y de Ede les está esperando para iluminarlos con las suyas.

Ya hemos pasado la estrechura y continuamos hacia la calle Farola y la carretera, estamos llegando. Allí nuestro Padre Jesús Nazarenos espera a su madre que viene bajando con esa majestuosidad con la que los portadores de trono la mecen, y se produce ese encuentro tan entrañable con su hijo.

Después de un merecido descanso continuamos nuestro caminar casi de la mano madre e hijo hacia el calvario.

A media luz del atardecer me parece que estoy viendo a mi Padre tantas veces asomado a su balcón para ver pasar sus Santos, me invade la emoción de su recuerdo aunque sé que él sigue con nosotros. Vamos acercándonos al calvario y llegados a ese punto nos embriaga el sentimiento de esa saeta que dice:

 

                                En la Cruz del Calvario

                                Cristo a su Madre encontró

                                y no pudieron hablarse

                                de sentimiento y dolor

                                que tuvieron al mirarse.

Poco a poco nos adentrarnos en cantarranas, despacito, con mucho cuidado, solo se oye a los capataces, estrechura, solo cabe el trono, casi rozando, despacio, con mucho cuidado que llevamos lo más sagrado.

Esa parte del pueblo es muy singular y serpenteante, ya vamos saliendo de cantarranas no sin antes recibir como cada año el saludo sonriente de María Azuaga, para girar camino del cementerio, lugar donde nuestros sagrados titulares saludan a los ausentes en un momento de sumo respeto, tras ese instante se oye: ¡Vamos! que nos queda un último esfuerzo, ya falta poco, son las palabras de ánimo a los horquilleros.

Ya avistamos el llano de la Iglesia, la gente se va arremolinando cogiendo sitio en la barandilla, pasa el Señor seguido de su Madre la Virgen de los Dolores, se encuentran cara a cara y de pronto silencio, ¿Estará Teresa por aquí?, ¿Cantara una saeta este año? Su sentimiento, no podía dejar que sus Santos se encerraran sin una saeta suya:

                                De oro son las potencias

                                y la corona de espinas

                                y tú la llevas con paciencia

                                la cruz de la penitencia

                                sobre tu espalda divina.

Y llega la hora del encierro, lentamente se bajan al suelo, y con esfuerzo y cariño van entrando a su Templo. Respiramos con satisfacción, pero Señor como tú vencedor vas tan vencido, ¿cómo ayudar a caminar a quien es camino? Permítenos ser tu cirineo, enséñanos a llevar nuestra propia cruz y haz que nunca rehuyamos de la cruz del hermano.

 

VIACRUCIS

El Viacrucis es una devoción centrada en los Misterios Dolorosos de Cristo, que se meditan y contempla caminando y deteniéndose en las estaciones que, del Pretorio al Calvario representan los episodios más notables de la Pasión.

En Arenas lo hacemos con una autentica participación. Participar significa tener parte. Y ¿Qué quiere decir tener parte en la cruz de Cristo? Quiere decir experimentar en el Espíritu Santo el amor que esconde tras de sí la cruz de Cristo. Quiere decir reconocer, a la luz de ese amor, la propia cruz. Quiere decir cargarla sobre la propia espalda, y movidos cada vez más por ese amor, caminar… Caminar a través de la vida, imitando a Aquel que “soportó la cruz sin miedo y está sentado a la derecha en el trono de su padre”.

Ya es Viernes Santo, son las doce del mediodía, aún somos pocos en la Iglesia y a nuestro Cristo en la Cruz, al píe del Altar Mayor, lo rodean las jóvenes que lo van a llevar por las calles de nuestro pueblo.

Comienza nuestro camino de oración, tintineos de campanillas y por contraste esa mezcla de aromas a tortillas de bacalao, potaje de vigilia, torrijas y arroz con leche.

                       Acto de Amor a Cristo Crucificado

                       No me mueve, mi Dios, para quererte

                       el cielo que me tienes prometido,

                      ni me mueve el infierno tan temido

                       para dejar por eso de ofenderte.

                       Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

                       clavado en esa cruz y escarnecido,

                       muéveme el ver tu cuerpo tan herido,

                       muévenme, tus afrentas y tu muerte.

                       Muéveme, en fin, tu amor de tal manera,

                       que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,

                       y aunque no hubiera infierno te temiera.

                       No me tienes que dar porque te quiera,

                       porque aunque lo que espero no esperara,

                       lo mismo que te quiero te quisiera.

 

VIERNES SANTO.

La Semana Santa de Arenas, es un milagro; Renació como el Ave Fénix, y ha alcanzado un esplendor que solo se puede calificar como una verdadera Edad de Oro.

La tragedia se acerca a su fin, el Viernes Santo nos espera y para muchos ese día en que pretende triunfar la muerte, será el día del silencio.

Cristo muerto, Cristo descendido hasta el regazo de su Madre, la virtud que hoy es más necesaria que nunca en un mundo en crisis al que tus lágrimas sirven de ejemplo y de consuelo.

La muerte se ha llevado el aliento y la mirada, el gesto de la mano y el milagro; Aceptastes ser la esclava del Señor, bellísimo perfil de Dolorosa que no se deja llevar por la desolación.

Bajo un velo blanco, El Entierro de Cristo es la bandera al viento de la noche más larga de mi Arenas, el Galeón desarbolado, el espejo que refleja la desolación.

                         Dentro del Sepulcro va

                         la estrella más reluciente

                         y su Madre va detrás

                         sus ojos son dos fuentes

                        llorando su Soledad.

Nunca el ser humano está más solo que en ese instante en el que pasas, después de que se rasgara el velo del templo y de que los truenos y relámpagos provocaran el miedo, todo se aquietó, todo se hizo silencio y reserva de los secretos más ocultos, nuestra soledad, la de cada cual.

Virgen de la Soledad, vagas por las calles de Arenas y todos queremos acompañarte, sin hacer ruido, silencio.

Son siglos en éste camino que no lleva a ninguna parte, solo al laberinto del dolor, a la suprema angustia.

Avanzas rasgando la seda de la madrugada, quebrando los sueños del terciopelo en las amargas estancias del recuerdo y de la memoria. Soledad, tres sílabas en la desolación de la quimera.

                       La Virgen subió a los Cielos

                       a cambiar su manto azul

                       por uno de seda negro

                       para el luto de Jesús.

 

El Señor ha encendido en nosotros la llama de la caridad, expresión de amor que es lo que caracteriza al creyente. “Si no tengo amor no soy nada“y el planteamiento es fácil y rotundo, quien no ama al hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Nuestro domingo de Resurrección es el día de la alegría porque Jesús ha vencido a la muerte, repican las campanas por la mañana en Arenas y Jesús resucitao ya está preparado para salir a hombros de las mujeres de nuestro pueblo, todas de blanco porque es un día de júbilo. Tocan a gloria las campanas, que todo el mundo sepa que se ha vencido a la muerte.

Resucitó y la conmemoración culmina con la alegría de la salvación, y Jesús alza su cruz que ya no es símbolo de la infamia, sino de la certeza de que hemos sido redimidos y salvados.

Y para terminar porque yo…

                     No soy de pregones largos

                     ni soy de hablar mucho tiempo

                     Prefiero soñar rimando

                     lo que pienso y lo que siento.

                     No quiero don de palabra

                     prefiero los sentimientos.

                     Los que afloran y se palpan

                     en el mágico momento

                     cuando la amistad se arraiga,

                     y florece en tus adentros,

                     sellándola en un abrazo

                     sin interés de por medio.

                     Eso sí que es amistad,

                     y lo demás ya son cuentos

                     un amigo es más un amigo

                    cuando sabe lo que siento.

                     Un amigo es un amigo

                     cuando le sale de dentro

                     ese que nunca te pide

                     y te da a cada momento,

                     y yo tengo un buen amigo,

                     si queréis os lo presento

                     alguien que nunca te deja

                     ni en los peores momentos.

                     Ese si es amigo tuyo

                     amigo por sentimiento,

                     el que si sufres él sufre,

                     y si ríes, está contento.

                     Alguien a quien necesito

                     si a los males yo me enfrento,

                    alguien siempre tan cercano,

                     sin ser familia por cierto.

                     Que no solo está en la risa,

                     porque de eso yo algo entiendo.

                     Y a los que dan palmaditas,

                    a esos, se les ve de lejos.

                     Hay que estar amigos míos

                     “pa” lo malo y “pa” lo bueno.

                     Eso me decían mis padres

                     y a mis padres mis abuelos.

                    Y ese amigo mío está,

                     tengo que reconocerlo,

                     cuando menos te lo esperas,

                     cuando buscas el consuelo.

                     Cuando no encuentras salida

                    pidiendo fuerzas al cielo

                     y entonces él aparece

                     porque siempre está el primero.

                     Ese nunca me falló

                     y nunca dijo un “no puedo”.

                     Así, por muchos que tenga,

                     de amigos, con él me quedo.

                     Hoy vengo por un amigo,

                     si queréis os lo presento.

                     El es mi bastón, mi guía,

                     mi pasión, mi consejero,

                    mi llanto, mi día a día,

                     mi padre, mi compañero,

                     bandera de mi poesía

                     y el sueño de mi desvelo.

                     Porque aunque busque en la vida

                     por la tierra y por el cielo,

                     por más que yo te compare,

                     y por más que te fallemos,

                     ¡Yo te juro por tu madre

                     que para ésta pregonera

                     no hay más amigo que tú

                    mi Jesús, mi Nazareno.