Otilia Martín Pareja, Pregonera Semana Santa Arenas-2018

Pregón de Semana Santa, Arenas 17 de Marzo de 2018

Por Otilia Martín Pareja.

Buenas tardes, Señor cura de nuestra parroquia. Señor alcalde y demás autoridades. Hermanos cofrades. Familia, amigos y vecinos.

Es un privilegio y un honor estar esta tarde en nuestra parroquia de Santa Catalina en presencia de nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores.

Hoy la emoción me embarga por compartir con ustedes este gratificante momento en el que quiero trasmitiros mis humildes vivencias y recuerdos, siempre placenteros, de nuestra semana Santa arenusca.

Doy las gracias, a nuestra cofradía por la confianza que en mí han puesto para poder llevar a cabo la exaltación que se merece la cercana conmemoración de nuestra Semana Mayor.

Me vais a permitir, en primer lugar, dedicar este pregón a todos nuestros seres queridos que un día estuvieron con nosotros y hoy, aunque en presencia física no estén, permanecen en nuestros corazones, especialmente a mis padres, Virtudes y Frasco, que han sido para mí, como bien sabéis, un ejemplo de bondad y humildad. Sé, que desde el cielo, hoy están mirándome con una sonrisa. ¡Siempre estaréis conmigo!

Y también, a esas otras que, por diferentes motivos, no pueden estar hoy aquí esta tarde, me acuerdo de mi suegra Antonia, a la cual le mando un cariñoso beso.

 DICE JESÚS

“Yo soy El Camino, la Verdad y la Vida nadie viene al Padre, sino por mí”.

Señor, te pido fuerzas, para que pueda trasmitir a mis vecinos y amigos esta tarde todos los sentimientos guardados en mi corazón desde que era una niña, y así poder enaltecer también los sentimientos de todos, en la celebración de nuestra semana de pasión.

Tengo grabados en mi mente, de una manera muy especial, los momentos importantes, y como no, también los sencillos, que se han vivido en nuestra semana mayor, porque los que somos y nos sentimos de pueblo vivimos de una manera muy singular y cercana todo lo que en él se celebra, sabéis que yo, nací en el barrio Consejo y me crie en el arroyo alto.

RECUERDOS DE MI INFANCIA

Con pocos años venía a verte, ¡Madre!… Con mis ojos de niña contemplaba con entusiasmo como te arreglaban dentro de nuestra Iglesia. Sentada, muchas veces hasta en el suelo, veía como te coronaban, ¡virgencita!, Con una Corona de Luces, ¡de luces encendidas!  Mis ojos emocionados creían ver verdaderas estrellas. Sentía que mis pupilas brillaban como ellas.

Recuerdo también ¡madre mía!, que te hicieron un manto nuevo, bordado con hilo dorado. Sería un manto humilde, pero en mi mente todavía resplandece un recuerdo cómo si fuera de oro. Así, desde muy niña, fue arraigando en mí y en mis amigos y amigas el fervor y el amor hacia nuestras imágenes. Cada año la ilusión crecía a la vez que nosotros nos hacíamos también mayores.

¡Benditos recuerdos aquellos!, en los que preparábamos, con tanta ilusión, con amor y con entrega nuestros tronos, para que todas las primaveras, una tras otra, pudiésemos acompañarlos y contemplarlos, recorriendo en procesión nuestras estrechas calles. Todos sabíamos lo que había que hacer. Sólo nos guiaba la tradición, el respeto y la Fe de nuestros mayores.

Resuenan en mis oídos las palabras: ¡Niño, niña!, ¿Cómo que no va a haber Semana Santa? Y allí, año tras año, sin faltar ninguno, salía nuestra procesión, para orgullo y bendición de nuestro pueblo. Más adelante, para mayor gloria, se forma nuestra actual Cofradía que con mucho trabajo, esfuerzo, dedicación y entrega han ido superándose y así, mejorar la preparación de nuestras procesiones para que las vivamos en la calle cada vez con más grandeza. Porque, no nos engañemos, hay algo que nos mueve a todos, cuando la gente sale a ver los tronos, independientemente de que se sea más o menos religioso, hay un sentimiento profundo hacia nuestras benditas tradiciones.

Son los días grandes de todos los cristianos en los que vivimos la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor porque, en nuestro pueblo, nos emocionamos viendo a los hombres de trono que a sus hombros portan nuestras bellas imágenes. Nos alegramos, con la generosidad de los nazarenos cuando les ofrecen a nuestros niños las gotas de cera para que hagan su gran bola. Nuestra Semana Santa es mucho más que un desfile. Es AMOR, es Pasión, es penitencia y por supuesto es Fe. Tiene mucho de todo… de cosas de antes, de cosas de ahora, de tradición, de recuerdos, bien guardados, pero sobre todo de emoción… no contenida, y de corazones unidos ante una santa celebración.

Nos queda pocos días de cuaresma para dar paso a la Pascua. Es tiempo de hacer un alto en nuestras vidas, vamos a recordar y a vivir intensamente unos días muy especiales, los vivimos en común, en la calle que nos vio crecer y en la Iglesia, en la casa de Dios. Jesús dio la vida por nosotros y ahora toca recordarlo con pasión.

EN EL DOMINGO DE RAMOS

Rememoramos el momento en el que Jesús entra en Jerusalén, no como un conquistador si no como un redentor. No luce un soberbio caballo, sino que monta en un humilde asno y la gente lo aclamaba: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

Hoy, Domingo de Ramos. Mi pueblo se despierta pensando en que va a asistir a misa para que le bendigan su ramo de oliva.  Todos se ponen las mejores vestimentas para recibir a Jesús, al igual que ocurrió en Jerusalén, cuando el humilde hijo del carpintero de Nazaret, en este día entró en la ciudad aclamado por la gente y rodeado por sus discípulos. Los niños y los mayores lo recibieron entre palmeras y ramos de olivo. El domingo de ramos es la estampa de la ternura, es representada la inocencia y la alegría de un niño. Nos llevamos a nuestras casas la ramita bendecida, ¡llevamos el amor en nuestras manos!, hay que guardarla todo el año, ¡pero en un sitio que se vea! para que nos recuerde cada día que Jesús es nuestro Rey, y que le hemos dado la bienvenida a nuestro sencillo hogar ya bendecido.

EN EL JUEVES SANTO

Mi pueblo ya huele a incienso, a olores frescos del campo en primavera, a buñuelos, a arroz con leche y tortillas de bacalao con miel. Se oye el ensayo de la banda de música. La vela ya está comprada pero no chica sino… ¡la más grande de la tienda!. Tiene que aguantar los dos días de procesión. Hoy Jesús, en la última cena, nos enseña el mandamiento más importante, el mandamiento del Amor. Jesucristo escoge a sus Apóstoles, no entre personas sabias e importantes, sino entre pobres y humildes pescadores. Antes de bendecir el pan y el vino le lava los pies a cada uno de los apóstoles en señal de entrega y servicio a los demás, pero el apóstol Pedro, que según Jesús era el más cabezota de todos, no comprende ese gesto de que su señor le lave los pies, puesto que creía que tendría que ser, al contrario. Entonces, Nuestro Señor le hace ver que algún día lo entendería, vale señor, contestó el bueno de Pedro, si esa es tu voluntad, lávame los pies, las manos y la cabeza si hace falta porque yo quiero ser tu amigo.

Es tarde de Jueves santo:

El sonido de la campanilla, la voz del mayordomo, el crujir de los varales, junto al murmullo de tu pueblo… ¡Señor!, esperamos impacientes tu salida, cuando vemos cruzar el umbral del templo tu imagen, y la de tu madre, hacen renacer en nuestro interior una emoción tan intensa que nos llena de fuerza y de esperanza que recordamos todo el año. Sale la Cruz Guía, penitentes y mantillas. Ya ha salido nuestro Padre Jesús y María Santísima de los Dolores. Rezos… cantos… música y silencio, reflejan las tristezas y las alegrías, son una mezcla del sentir de nuestra gente.

Es la expresión de un pueblo que cada año espera en el llano de la Iglesia. Gente abierta, gente generosa, gente que sabe emocionarse y que es capaz de transformarse en cada esquina y en cada calle, cuando tiene delante la representación del hijo de Dios padeciendo por todos nosotros. ¡Ha salido Jesús y su madre!, la barandilla está repleta, todos ansiosos al verlos alzarse para empezar su caminar. Todo está preparado para un pueblo que camina tras su Cristo nazareno y la Virgen de los dolores. Muchas emociones reunidas en la plaza. Estallidos de aplausos y vivas. Vecinas que no pueden acompañarlo, ya han encontrado su buscada esquina, para ver pasar a su Señor y pedirle por los suyos con oraciones y plegarias bien aprendidas. Se van formando dos filas. Las velas ya encendidas guían la procesión. Filas bien formadas. Recuerdos de años pasados, en los que todavía no sonaban las marchas de la banda de música. No teníamos, pero nuestras madres, tías, abuelas, y nosotras las niñas, cantábamos y rezábamos repetidamente el “Dios te Salve María y Perdona tu pueblo Señor” con el tono especial que le damos las arenuscas. Al mismo tiempo que rezaban y cantaban se oía decir, entre los cantos, cuidao con la vela niña, que me quemas el abrigo, y es el único que tengo”.

La calle estación es estrecha, pero no nos lo parece, todos caminamos a ambos lados, la emoción nos envuelve, la calle se llena de luz…, la luz es la devoción, que se ve con más resplandor entre las paredes, cuando entre sí, son más cercanas. ¡qué bonito está mi pueblo iluminado por tanto fervor! Las bengalas y los cantos decoran el recorrido. ¡la noche parece día! ¡Dios mío cuanta grandeza desprendes cuando llegas a La   Carica de Dios! Bajamos por la farola con nuestro Cristo Redentor, tenemos ante los ojos la imagen del Hijo Divino, con su cruz cargada y su corona de espinas, la túnica la mece el viento, ¡parece que camina!, la imagen de su madre que le sigue, aunque llora, sus lágrimas parecen perlas y su cara solo desprende amor.

¡Paradla hombres de trono!, ¡parad a mi virgen dolorosa!,  que consolarla yo quiero en su penita tan honda. Madre e hijo se miran frente a frente. Bajamos por la carretera y Jesús camina hacia el Calvario, en nuestra mente solo hay un pensamiento: Despacio, muy despacio; entre lirios moraos, vienes caminando solito; valiente es tu paso, a hombros de tus hermanos, despacio; llevadlo despacio que es el rey de los cristianos.

Nuestro padre, nuestro hermano y amigo ¡ay cuánta amargura ha sufrido! Preso, humillado y cautivo, mi dulce Jesús.

Lento, muy lento es tu paso, por las calles de nuestro pueblo; agotado por el peso de la cruz, ensangrentado, ¡cuánto has sufrido con la corona de espinas y tus pies descalzos! Mírame, mírame Padre nuestro y escucha, Flor de azahar, carita de cera, ¡por ti lloran esta noche las estrellas! Con que porte, con que señorío te mecen en la madrugá que verte me da escalofrió con tu cruz abrazá, orgullosos te llevan tus hermanos, con paso firme y sereno. ¡Guardad silencio! ¡todos callados!, que la banda toca ¡Jesús nazareno! No puedo contener mis lágrimas, ¡No puedo, porque te quiero!  Padre nuestro del cielo.

Llegamos a cantarranas y su madre le sigue. Dios te salve, Madre mía, La que fue Madre de Dios, La que reza cada día, Llorando gotas de amor Dios te salve, Madre Hermosa, De lágrimas  empapada Por las calles de Arenas. Grandiosa y engalanada. Cuando estamos a punto de rozar lo más estrecho de cantarranas nuestros hombres de trono lo dan todo. Todos van por igual Debajo de esos costeros Y un cariño natural Abriga a los más sinceros. Ese martillo al llamar Es la emoción para ellos Y aunque pese al levantar Es el momento más bello.

Subimos empinadas cuestas, deberíamos ir ya cansados, algunos niños protestan, no los oímos, tenemos aliento para seguir cantando, ¡hay que alumbrar el camino en todo su recorrido!, la campana del capataz, la música de la banda, el sonido del tambor y el canto de nuestro pueblo animan los pasos lentos avanzando camino del templo. No queremos que se acabe, pero… ¡que bonito se pone el llano! cuando de nuevo todo el pueblo, en él reunido, aclaman a nuestros santos. Antes de recogerse, aplausos, saetas, la banda que, cada vez entona mejores acordes, adornan la emoción del final del recorrido, ¡esa emoción es única!, tiene sentido amargo porque se acaba el jueves santo, pero el orgullo de los fieles ante sus tronos hace que esa amargura se transforme en la esperanza de repetirlo año tras año.

AMANECE EL VIERNES SANTO

Están las calles en silencio. Todavía recuerdo el olor nazareno de la cera quemada, el singular perfume del incienso, la devoción popular. Tan solo se escuchan los pasos de nuestros jóvenes portadores del Vía Crucis y el sonido del tambor. Te adoramos ¡oh Cristo! y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. Cuando la santa cruz pasa, veo la cara del dolor, la injusticia sin nombre, y la ternura del amor. El amor de Jesús fue tan grande que entregó su vida para salvarnos. El único delito que cometió fue ayudar a los pobres, perdonar a sus enemigos, amar al prójimo, estar siempre con los más necesitados y curar a los enfermos. ¡Tanto amor para acabar en la cruz!  Sin embargo, Jesús, antes de morir dijo: ¡Padre, Perdónalos porque no saben lo que hacen!.

Ya ha llegado la tarde del viernes santo, es temprano, el sol aún alumbra para hacer brillar el rostro de Nuestra Madre. Como todos los Viernes Santo la Virgen inicia su camino junto a su Hijo Yacente. En el Sepulcro que camina, se reflejan las luces de las velas, ¡yace sin vida Jesús! Lo portamos con respeto, en silencio, ¡murió por nosotros!, no lo olvidemos, ¡vamos a acompañarlo junto a su madre desolada! Una lágrima entre las flores, una llaga en el corazón, Una madre sin su hijo, Aunque su hijo sea el mismo Dios. Cuando pasas por las calles, ¡virgen de la soledad!, con esas manos tan hechas al perdón y a la bondad. Con esa cara de pena, ese gesto de humildad, Y ese luto que acompaña tu agonía maternal, no te canto una saeta porque no sé cantar, pero te rezo una salve y ¡lo que haya que rezar!

Pasado el sábado

Cuando al anochecer comenzaba el primer día de la semana, las Mujeres fueron a ver el Sepulcro. De pronto hubo un fuerte temblor de tierra, un Ángel dijo a las Mujeres: –No tengan miedo. Yo sé que estáis buscando a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, sino que, como dijo, ha resucitado. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron. Digan a todo el mundo: ¡Ha resucitado!  ¡Encendamos una hoguera en la puerta de nuestra Iglesia!, hay que anunciar a todos que cristo vive, ¡Aleluya! el Señor resucitó y sigue entre nosotros. Las campanas suenan con fuerza, se anuncia repicando que ha resucitado el redentor, Las mujeres de Arenas se visten con galas blancas para sacarlo en procesión. El domingo por la mañana, cada calle, cada plaza, cada puerta, cada balcón, cada familia arenusca recibe su bendición. El sol sale radiante, hoy ya no siente dolor, para el gozo de nuestro pueblo ¡ha resucitado el Hijo de Dios! Porque cristo vive todo tiene sentido, tiene sentido la flor y la cera, la marcha, la saeta, los pasos y la espera, la túnica, el incienso, las mantillas, todo… Tienen sentido los ensayos, los agobios y las carreras, los abrazos, la emoción y los poemas, tiene sentido tu esfuerzo ¡costalero!, tu pasión y tu entrega.

Y hoy me quedaré esperando un Anhelo que se acerca, una Esperanza despierta, una aspiración soñada, una luz más cegadora que el mismo sol …

¡esperándote a ti Señora!

¡He dicho!

Arenas diecisiete de marzo de dos mil dieciocho.

Cuaresma