Juan Leiva Olivencia

Juan Leiva Olivencia

PREGÓN DE SEMANA SANTA DE ARENAS, 14 de Marzo de 2015

Por Juan Leiva Olivencia

Buenas noches a todos y a todas.

Sr. Hermano Mayor y  Sres. Hermanos y Hermanas de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores, de Arenas.

 Dignísimas autoridades y queridas familias, amigos y amigas.

 Bienvenidos a todos.

Siento una gran satisfacción por encontrarme  hoy aquí con ustedes, en este templo de Santa Catalina Mártir. Son muchos los recuerdos que me afloran, y estoy muy agradecido por la oportunidad que me brindan.

Ser pregonero de la Semana Santa de Arenas es para mí un honor. Como ustedes saben, no soy de aquí, pero así me siento, y espero saber transmitir en este pregón, el sentimiento cristiano, arenusco y humano, con el que lo he escrito. Si no lo consigo, humildemente les pido desde ya perdón.

Igualmente, quiero tener un recuerdo especial a todos los pregoneros y pregoneras que me han precedido, y también, a todas las personas que no se encuentran ya con nosotros. Son muchos los que faltan en este día, y para ellos tenemos un recuerdo especial, un recuerdo de amor….y es precisamente el amor lo que nos enseñó Jesucristo.

Hablar de Jesucristo, es hablar de su vida, de su obra, de su ejemplo de vida, de su mensaje, y sobre todo es hablar de que murió, y que venciendo la muerte resucitó y vive, vive en cada uno de nosotros….algunas veces no lo recordamos. Vivimos nuestra vida, y parece que se nos olvida, pero eso es lo que tenemos que agarrarnos los cristianos. Saber oír como Jesús habla a nuestras almas, a nuestros corazones….siendo conscientes de nuestras imperfecciones, pero siempre buscando mejorar, entendiendo el verdadero mensaje de amor.

En estas semanas, al tratar de escribir el pregón, he tenido que profundizar mucho sobre la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, sobre el dolor físico, lo cruel de su muerte y sobre todo, el dolor inmenso que debió sentir su madre, la Virgen María…y en ella puedo comprender y ver el amor que sienten las madres por sus hijos. Un amor puro, que existe desde el primer día, tan eterno como el amor de Cristo por nosotros. Un amor que hace que las palabras se queden cortas, ya que….como ustedes saben, es un amor sincero.

Ustedes las madres nos dais la vida, la nuestra y la de nuestros hijos. Ilumináis la luz de vida de todas las personas, y compartís el dolor de la Virgen, que vio cómo murió su hijo…..cómo sufrió su hijo.  Qué grande son las madres, ellas siempre tienen un aquí estoy, un arriba cuando nos caemos, un no te preocupes cuando desfallecemos….cada una de estas palabras en los distintos momentos de nuestra vida…desde que empezamos a respirar hasta el último aliento de vida suyo.

Mientras les hablo….vienen a mi mente recuerdos de mi niñez, y también recuerdo los tambores que resuenan en las calles de mi tierra, y también de esta tierra mía, Arenas. Así la siento gracias a mi mujer Lola, a mis hijos, a mis suegros Paco y Lola, y también a mis cuñados y cuñadas….

Soy testigo de los pasos y escucho los susurros, el recogimiento y el amor….y de nuevo me detengo en esta idea, en la emoción que sentimos cuando vemos por nuestras calles a nuestro Padre Jesús Nazareno, y cómo no, siempre su madre detrás, nuestra Señora de los Dolores, siguiendo sus pasos y acompañándolo.

Perdonen que salte de una idea a otra, pero nunca he escrito un pregón….pero creo que hacer un pregón es hacer en voz alta una reflexión. Es recordar a los cristianos que Jesús, vivió, padeció, y murió por todos nosotros, y que resucitó porque era Dios, venciendo así a la muerte, y que vive con nosotros…todos los días. Es tratar de hacernos abrir nuestro corazón a Cristo, que es Dios.

Y Dios amó tanto a los hombres que le envió su propio hijo para nuestra salvación, y nos enseñó una oración….

Creo, en Dios Padre todo poderoso…….

Creo, en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo….

Creo, en la Virgen María………………

Creo, en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida….

Y el Ángel anunció la buena nueva a María.

“he aquí, la esclava del Señor, hágase en mí, según tu palabra”.-….Y, el verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros….

Y aquel niño creció, sintiéndose niño, sabiéndose Dios. Y Juan Bautista, profetizaba la llegada del Reino de Dios, y bautizaba a las gentes, niños, mujeres y hombres en el Río Jordán, en el nombre del Padre, del Hijo

y del Espíritu Santo. Jesús, también lo quiso y fue bautizado por Juan.

Inicia así, su vida pública, predicando la palabra de Dios. Se rodea de sus discípulos, y así va llamando a Simón, al que llama Pedro, su hermano Andrés, Santiago el de Zebedeo y Juan su hermano, y así hasta doce….

“..Ven y sígueme”….dijo. “Yo soy la luz del mundo, el que me siga, no andará entre tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

Jesús habla al pueblo. Jesús está al lado de los débiles, de los enfermos, de las personas más desfavorecidas de la sociedad de su tiempo, de los pecadores. Jesús promete la salvación por medio de la Fe, y anuncia la llegada del Reino de Dios.

Jesús cura enfermos, da vista a ciegos, oídos a sordos y hace andar  a personas discapacitadas que acuden a él cargados de fe.

Cuántas enseñanzas nos dejó, su vida y muerte. En su vida, fue ejemplo de persona solidaria, que ayudaba al prójimo. Sus actos eran pacíficos, predicaba la paz, el respeto y la dignidad de todas las personas. Debemos seguir aprendiendo a convivir con estos valores. Valores que todas las personas podemos y debemos compartir, porque no se trata de ser de una idea u otra, se trata de ser buenas personas, buenos cristianos.

Deberíamos acercarnos a Jesús, Dios nuestro, por la vía del respeto al otro, del cariño y de la paz. Con nuestros seres queridos, y con todas las personas, todos nuestros vecinos y vecinas, porque todos somos hijos e hijas de Dios.

Jesucristo es una autoridad moral y ética para nosotros…..también en aquel momento. Su autoridad y carisma espiritual, su actividad abierta, su valentía predicando a la palabra de Dios, hizo que aumentara el número de personas que le seguían, y esto preocupó y enfureció a las autoridades del momento.

Un hombre al que el pueblo sigue y aclama, que moviliza corazones y almas, supone un peligro que les podría mermar su autoridad, que les podría desplazar de sus privilegios, y sobre todo, poner en su contra a los romanos, a los que ellos estaban sometidos, y así los dos días siguientes, Sacerdotes, Escribas y Fariseos, le hacen preguntas sobre su reino, la resurrección y los  tributos al Cesar.

Jesús responde: “Dar al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios”.

Y aquellas autoridades, cada vez más enfurecidas por los acontecimientos, ven a Jesús como un peligro, un alterador de la vida pública,  alguien que provoca al pueblo contra el régimen establecido, un peligro al que hay que erradicar, y deciden prenderlo.

Y así, conspiran con uno de sus discípulos, Judas, para que a cambio de unas miserables monedas, les llevase al lugar donde se encontraba Jesús.

Jesús, ya sabe de su destino.

Jesús, se somete a la voluntad del Padre.

Jesús, sabe que va a morir por los hombres, para la salvación de sus almas.

Qué fortaleza y qué amor más grande nos tenía. En esa última noche, reúne a sus 12 discípulos en una cena, que sería su última cena.

“Un mandamiento nuevo os doy, amaos los unos a los otros, como yo os he amado”.

Allí nos dejó el mensaje de que Jesús hombre iba a morir, pero Jesús Dios, seguiría con nosotros. Y tomando el pan y el vino, lo repartió entre sus discípulos, consagrándose en Cuerpo y Sangre.

De repente, un grupo de soldados y seguidores del régimen judío, armados con espadas y palos, guiados por Judas, llegaron hasta el huerto donde estaba Jesús.

Judas, le besa en la mejilla, delatando así su identidad… “con un beso entregas al hijo de Dios”.  Y Jesús fue arrestado y atado, y así conducido al palacio del Sumo Sacerdote para ser juzgado por  asamblea o consejo llamado de sabios que  actuaban como jueces, pero no eran jueces, eran verdugos.

Allí, fue interrogado, falsamente juzgado y condenado, pues veían en Jesús, la figura del hombre que arrastraba masas, que con sólo su palabra, acumulaba multitudes. Ello le convertía en un líder espiritual, y no podían tolerarlo. Qué pena que la bondad y el amor no se respetaran. Es lo que hace a los hombres y mujeres seres humanos, pero a algunos se les olvida la esencia de su humanidad.

Tras una infernal noche, donde sufrió todo tipo de insultos, abusos y aberraciones, a la mañana siguiente fue conducido ante Poncio Pilatos. Jesús

en sus respuestas, no niega la verdad y se mantiene firme en ser el hijo del Padre, enviado por Dios para la salvación de los hombres.

Jesús, queda sólo, negado y abandonado. Todavía, Pilatos, piensa que con una fuerte flagelación podría calmar la ira de los judíos y lo manda a azotar. Fue, tan fuerte aquel flagelo, dos sayones con látigos ramificados, terminados en punta de plomo y hueso para penetrar en la piel y producir desgarro, que descargaron toda su fuerza e ira contra el cuerpo de Jesús; espalda y piernas, cuerpo despojado de sus vestiduras.

Y aquel hombre, indefenso, ensangrentado, atado a una columna, en medio de aquel inhumado e impresionante dolor, ni un solo quejido, ni una sola palabra, solo dio como respuesta la expresión de su mirada.

Cuanta crueldad descargaron aquellos sayones sobre el cuerpo de Jesús. Cuanto escarnio sufrió….Y Jesús dijo al Padre: “perdónalos porque no saben lo que hacen”

Y presentado al Pueblo, ensangrentado, tras ser flagelado, el pueblo no se conforma y grita enfurecido, crucifícale.

A Jesús como burla, le colocan una corona de espina….ves ya eres Rey,… un rey de Nazaret,…. Y lo hacen cargar con una pesada cruz, camino del Monte Calvario donde iba a ser crucificado. En este trayecto, Jesús sufre tres caídas. La pérdida de sangre, y el agotamiento físico, le producen el desfallecimiento.

Y aquí en Arenas, donde aún se respira el alma del moro y el corazón del cristiano….con fervor, entusiasmo, calor, amistad, paz, y vida, …una oración del alma eleva al Cielo, canto de amor, plegaria al Nazareno…Y veo a Jesús Padre Nazareno tomando la curva por Carica Dios, y detrás su madre, siempre su madre…Y todos nos encontramos, y pienso.

Decir Nazareno es…,es rezar a Dios con fuerza,

es cumplir una promesa,

un sentimiento de Fe.

Decir Nazareno es,……..,

es decir amor de Dios,

decir Calvario,

es sentir su bendición.

Decir Nazareno es,…..

es decir Padre Jesús,

es imanarse a su Cruz,

es sentir su gran poder.

Decir Nazareno,…..

es decir volver a Arenas.

Por las calles de Arenas,

Recuerdo….sobre todo, cantarranas, en un paso majestuoso donde confluyen sentimientos y emociones, y también pienso cuando estando cerca del Cementerio, es difícil evitar emocionarse cuando nuestras imágenes saludan al Campo Santo, a los seres queridos….

Cuánto amor llevas y das Jesucristo, que por donde andas las mujeres y los hombres se estremecen y sienten el amor a flor de piel, recordando la muerte de un padre, de una madre, de un hermano, hermana, abuela, abuelo….

Y llegado al monte Calvario, fue clavado en la cruz, y entre dos bandidos, elevado y expuesto hasta su muerte. Jesús ya derrotado como hombre, sin fuerzas y casi sin vida, dice a su Padre “¿Por qué, me has abandonado?”.

Su Madre, estaba allí, y ante esta situación, ella será su único amparo, convirtiéndose así María, para siempre, en la  “madre de los desamparados”.

Pero Jesús, ya la quiere liberar de tanto sufrir como madre. No sufras más, y mirando a Juan su discípulo amado, allí presente le dice: “Madre, he ahí a tu hijo,… Juan, he ahí a tu madre”.

María acepta, su voluntad, pero en el fondo de su corazón sufre por Jesús, y queda inmortalizada para siempre como María, madre de todo desamparado y pide por ellos, simplemente por Caridad.

Y caridad pidió Jesús al Padre para sus propios verdugos.

“Padre,… perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Cuanto amor y caridad, hasta el último aliento de su vida, nos dio Jesús. Quien mirando al Cielo, encomendó al Padre su Espíritu y expiró.

Virgen de los Dolores,

traen el Cuerpo de tu hijo,

entre rezos y oraciones,

clavado va en su Cruz.

Virgen dolorosa,

Cristo, ha muerto ya,

Arenas está de luto,

El silencio lo puede todo.

Poco tiempo dejan para velar el Cuerpo de Jesús. Aún el hombre muerto, atrae pasión…..

Por las estrechas calles de Arenas,

penitente, ¿tu que sientes?,

sólo, inmóvil, callado,

Cristo yacente camina con el paso firme

¿Que sientes tú, penitente…,

cuando velas a Jesús?,

tu cirio, solo es tu mente,

tu alma, lleva la luz.

Todos juntos caminos detrás,

Y el silencio solo acepta el viento,

Luz y oscuridad en las calles de Arenas.

Aquí, en Arenas. Procesiones dignas, majestuosas, respetuosas, a veces impone el silencio. El sonido de la campana para detener o levantar el paso, su sonido te llega al alma. Los hombres de trono levantan su mirada hacia el cielo. ¿Por qué, impone tanto la muerte de Jesucristo? Tal vez porque ahí nos encontramos con nuestra propia realidad, porque sentimos a Jesús, a Dios, más humano que nunca.

Y nuestra Virgen de los Dolores, la miramos con ojos de compasión y profundo respeto, ¿realmente piensa nuestro subconsciente que tras el entierro de Jesús, queda verdaderamente sola su madre?. Ninguna madre se queda sola. Ninguna quedaría estar sola porque han dado la vida, y ese dolor que en nuestro interior sentimos debemos afrontarlo con convicción. No estás sola madre de Dios, porque tú también eres nuestra madre y vamos a honrarte todos los días.

Y llega el Domingo de resurrección, y es verdad, Jesús era el hijo de Dios. Murió hombre, por los hombres, pero ha vencido a la muerte con su resurrección. Jesús ha resucitado.

Y ahora, en este pregón que voy finalizando, os digo que hablar de Dios es hablar de lo humano, pero lo humano se quedó atrás. Jesús resucitado, se le apareció a las mujeres y les dijo: “ir y contar lo que habéis visto.” Y, Jesús se nos aparece todos los domingos de resurrección llevados a hombros por nuestras mujeres, con devoción y solemnidad….Aparece por la Plaza Valle y su luz se traslada a todos los rincones de Arenas, y nuestra fe se torna alegría.

Jesús vuelve, pero no vuelve con rencor ni con odio a los hombres. Vuelve con una paz reconciliadora. Ahí está la grandeza de su mensaje, del mensaje de nuestro credo: “Paz a los hombres, de buena voluntad”.

No existe ser, nacido ni por nacer, que con su muerte, nos haya dado tanta vida, vida de amor. Su luz es inagotable, su mensaje nos impregna en nuestro día a día, su bondad fue y es infinita.

Y acabo con estas palabras:

Semana santa de Arenas…. olor a incienso, amor cofrade, penitente, nazareno.

Semana Santa de Arenas, dolor del alma, pasión de Dios… Cristo nos habla en cada rincón, en cada mirada….dejemos los rencores y busquemos la paz.

Semana Santa de Arenas,  entre olivos y almendros, el sol y la luna nos ilumina mientras caminamos contigo.  Jesucristo…guíanos por el camino del bien.

¡Viva la Semana Santa de Arenas¡